Viernes, San Maximiliano María Kolbe (14 agosto 2020)

SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE, presbítero y mártir

   Maximiliano María Kolbe nació cerca de Lodz (Polonia) el 8 de enero de 1894. Ingresó en el seminario de los Hermanos Menores Conventuales en 1907, y el año 1918 fue ordenado sacerdote en Roma. Encendido en el amor a la Madre de Dios fundó la asociación piadosa de la «Milicia de María Inmaculada», que propagó con entusiasmo. Misionero en el Japón, se esforzó por extender la fe cristiana bajo el auspicio y patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a Polonia, habiendo sufrido grandes calamidades, en el mayor conflicto de los pueblos, entregó su vida como holocausto de caridad por la libertad de un desconocido condenado a muerte, el 14 de agosto de 1941, en el campo de concentración de Auchwitz.

INVITATORIO

OFICIO DE LECTURA

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Zacarías    12, 9-12; 13, 1-9

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir

LAUDES

(Oración de la mañana)

HORA TERCIA

HORA SEXTA

HORA NONA

I VÍSPERAS

(Oración de la tarde)

COMPLETAS

(Oración antes del descanso nocturno)

EVANGELIO DE HOY

Mt 19, 3-12

2 comentarios

  • Guillermo Hernández Lira

    Excelente contenido.

  • José Francisco Flores de la O

    Pocos escritos de los Santos tienen tanta profundidad como las cartas de San Maximiliano María Kolbe leídas en el Oficio de Lecturas (creo que son dos: una a su pariente -probablemente su hermano- Alfonso Kolbe y la otra, si no me equivoco, a otro fraile franciscano de origen italiano: si no me equivoco, Paulo o Paolo Moratti): hablan de la voluntad de Dios desde el punto de vista de Dios, de la finalidad última de la creación, de su Misericordia y su Gloria (la salvación y la santificación de las almas) que, en definitiva, confluyen en Lo Mismo. Pocos escritos tienen tanta simplicidad para enseñarnos a hacer la voluntad divina (por medio de la obediencia a quienes están a cargo de y deben velar por nosotros, en la medida en que lo que nos proponen no sea pecado evidente, por ínfimo que sea). Y como si esto hubiese sido poco no enseña el atajo de la intimidad con María. Agrego que, originalmente, la última parte decía “estemos tranquilos, tranquilos. NO PRETENDAMOS HACER MÁS DE LO QUE MARÍA QUIERE, O MÁS RÁPIDO.” Desconozco por qué esta última oración ya no aparece más, pero es lamentable, porque no sólo habla de la serenidad a nivel interno, sino también porque nos enseña que, dicho en lenguaje de los Salmos, “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los que la edifican. (Salmo 127,1)”. Una profundidad, practicidad y belleza únicas. Que María no permita que olvidemos tanta Sabiduría y nos enseñe a ponerla permanentemente por obra. Amén.

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